Las ocho etapas, en orden
No hay paquete básico ni versión recortada.
Nuestro proceso
Cada expediente se construye en campo y se coteja contra la fuente. Nada se da por bueno porque el evaluado lo haya escrito.
No hay paquete básico ni versión recortada.
Un evaluador acude al domicilio. No es una llamada ni un formulario, y no se sustituye por videollamada esté donde esté el evaluado.
El reloj arranca cuando llegan los datos completos, no antes.
Apto, apto bajo reserva o no apto — siempre con los hallazgos que lo respaldan.
Sin autorización previa del evaluado no hay estudio, aunque el cliente lo pida. No es política interna: es la ley.
No hacemos reclutamiento, ni nómina, ni capacitación, ni consultoría. Hacemos estudios socioeconómicos. Esa especialización es el argumento.
Cumplimiento y manejo de datos
Un estudio socioeconómico reúne la información más delicada de una persona. Cómo se recoge, quién la ve y qué pasa con ella después no es un detalle administrativo: es la parte que le puede regresar el problema a usted.
El evaluado conoce el aviso de privacidad y firma antes de que se levante el primer dato.
Todo el tratamiento se hace conforme a la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares.
Cada estudio queda asociado a quien lo solicitó. No se comparte, no se revende, no alimenta ninguna base de terceros.
El reporte llega por correo y queda en el portal del cliente. Al eliminarse el expediente, el documento se borra con él.
Para arrancar
Menos de lo que se imagina. El resto lo investigamos nosotros.
Y un teléfono de contacto. Con eso arrancamos.
Si ya los tiene nos los puede pasar, pero no hace falta: esos datos los investigamos nosotros como parte del estudio.
Sin ella no iniciamos. Si el evaluado no autoriza, se lo avisamos de inmediato y no se realiza.
El plazo de 72 horas hábiles arranca en cuanto llegan los datos completos.